Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de junio de 2008

La mejor compañía posible

Caminando por el centro de Zaragoza te puedes encontrar con bares llenos de encanto. Éstos tienen mucha historia, como es el caso del Linacero Café. De los dueños de la antigua tienda de música situada en la calle San Miguel (ahora se llama Daily Price), se creó un café-bar que se sustenta en su decoración y que además ofrece una bonita gama de bocadillos, tapas y platos combinados.

Al entrar en el Linacero Café, situado en la calle Arquitecto Magdalena 4, bocacalle tanto de la calle San Miguel y Zurita, te encuentras con dos joyas: una chupa de cuero del cantante de Tako, grupo aragonés de Ejea de los Caballeros, y el traje que lució Enrique Bunbury durante su gira de 2002 en la presentación de su trabajo Flamingos. Pero ahí no queda todo, los ojos se deben de multiplicar una vez que accedes a su interior.

Las guitarras de José Antonio Labordeta y de Mauricio Aznar se guardan como oro en paño en su vitrina de cristal. Un mosaico con los vinilos de los grupos más importantes aragoneses, decenas de fotos de cantantes en sus actuaciones en Zaragoza o tres paredes complentamente llenas de posters promocionales de las visitas de grandes nombres a nuestra ciudad. Bob Dylan, The Cure, Depeche Mode, Iggy Pop, Santana, Kiss o The Ramones sirven de papel tapiz para el Linacero Café. Un bar de culto.


Con este post cierro una serie de seis historias con fecha de caducidad con el único fin de entretener un poco a todo aquel que se ha acercado por aquí. Agradecer a los que han perdido parte de su valioso tiempo comentando, o simplemente leyendo, alguno de mis post.

¡Qué les vaya bien bonito!
Santi

lunes, 12 de mayo de 2008

Pura bazofia

Empezó siendo una broma, pero con el tiempo se ha convertido en mi peor pesadilla. Allá donde voy él está o emite su chirriante voz para mi desesperación. El personaje del que les hablo es eso, simplemente una creación propiciada para dar publicidad a un producto y una marca. Con el paso del tiempo, el susodicho fue adquiriendo importancia y su rango creció como la espuma. Juegos para móvil; sonitonos, politonos y demás familiares de esta especie; salvapantallas... El archiconocido Chiquilicuatre tuvo su programa de televisión en la ente pública, si esa que pagamos todos para que nos ofrezcan una parrilla suculenta. No ese asqueroso trozo de carne que rezuma de todo menos música (cultura) y gracia (humor). El personaje creado por Buenafuente y su círculo de trabajo no solo es monopolio de los programas de La Sexta, sino que el resto de cadenas también se hacen eco de la fugaz y desafinada carrera del Chiquilicuatre hacia el casposo certamen de Eurovision. La cadena de Emilio Aragón incluso le ha creado un blog para deleite de sus frikiseguidores. Los mismos que consideran a El Canto del Loco los reyes del rock o a Melendi The Boss (el asturiano es el jefe en otras facetas).

El tema Chiki-Chiki, rancio y repetitivo hasta la saciedad, se ha convertido en el hit de moda, y espérate si gana en la reunión de frikis europea, que entonces volverá a tener el tirón del principio y sonará durante todo el verano: tiempo de creaciones infrahumanas para amenizarte mientras te quemas al sol, peleas por clavar tu sombrilla en la playa y tratas de evitar a la suegra o al pesado de tu primo pequeño. No sería raro que si el hijo de Buenafuente sale victorioso consiga hacerse con su propio espacio televisivo. No dudo que La Sexta se lo impida, ya le dieron cabida a Pocholo o al bochornoso programa de Santiago Segura.

Por el bien de la música, o la destilación que el Chiquilicuatre hace de ella, sería un honor poder destruir estos productos sacados de la televisión (Operación Triunfo y derivados) para intentar crear en España una cultura musical, de la que se carece y, encima, no interesa aprender. Andreu Buenafuente, maestro del humor del siglo XXI, osó decir que la persona que no acepta la elección del Chiquilicuatre para Eurovisión es tonta o tiene envidia. Pues sí señor Buenafuente, yo soy muy tonto. Gilipollas profundo, pero el 24 de mayo no me cogerá viendo el tedioso y maratoniano festival europeo. Aunque seguiré admirando su manera de hacer humor y de llevar a un personaje tristísimo a las primeras planas de todos los medios de comunicación.