
Empezó siendo una broma, pero con el tiempo se ha convertido en mi peor pesadilla. Allá donde voy él está o emite su chirriante voz para mi desesperación. El personaje del que les hablo es eso, simplemente una creación propiciada para dar publicidad a un producto y una marca. Con el paso del tiempo, el susodicho fue adquiriendo importancia y su rango creció como la espuma. Juegos para móvil; sonitonos, politonos y demás familiares de esta especie; salvapantallas... El archiconocido
Chiquilicuatre tuvo su programa de televisión en la ente pública, si esa que pagamos todos para que nos ofrezcan una parrilla suculenta. No ese asqueroso trozo de carne que rezuma de todo menos música (cultura) y gracia (humor). El personaje creado por Buenafuente y su círculo de trabajo no solo es monopolio de los programas de
La Sexta, sino que el resto de cadenas también se hacen eco de la fugaz y desafinada carrera del
Chiquilicuatre hacia el casposo certamen de
Eurovision. La cadena de Emilio Aragón incluso le ha creado un
blog para deleite de sus
frikiseguidores. Los mismos que consideran a
El Canto del Loco los reyes del
rock o a Melendi
The Boss (el asturiano es el
jefe en otras facetas).
El tema
Chiki-Chiki, rancio y repetitivo hasta la saciedad, se ha convertido en el
hit de moda, y espérate si gana en la reunión de
frikis europea, que entonces volverá a tener el tirón del principio y sonará durante todo el verano: tiempo de creaciones infrahumanas para amenizarte mientras te quemas al sol, peleas por clavar tu sombrilla en la playa y tratas de evitar a la suegra o al pesado de tu primo pequeño. No sería raro que si el
hijo de Buenafuente sale victorioso consiga hacerse con su propio espacio televisivo. No dudo que
La Sexta se lo impida, ya le dieron cabida a
Pocholo o al bochornoso programa de
Santiago Segura.
Por el bien de la música, o la destilación que el
Chiquilicuatre hace de ella, sería un honor poder destruir estos productos sacados de la televisión (Operación Triunfo y derivados) para intentar crear en España una cultura musical, de la que se carece y, encima, no interesa aprender. Andreu Buenafuente, maestro del humor del siglo XXI, osó decir que la persona que no acepta la elección del
Chiquilicuatre para
Eurovisión es tonta o tiene envidia. Pues sí señor Buenafuente, yo soy muy tonto. Gilipollas profundo, pero el 24 de mayo no me cogerá viendo el tedioso y maratoniano festival europeo. Aunque seguiré admirando su manera de hacer humor y de llevar a un personaje tristísimo a las primeras planas de todos los medios de comunicación.